(vía
lavaca)
En la calle Iguazú 451, a pocas cuadras de Parque Patricios, en lo que fue una fábrica de goma y amiantos, funciona el Centro Hipermediático de Experimentación Latinoamericano, más conocido como Chela. Una puerta pintada de verde se abre a un inmenso patio de cemento en donde reina Pepa, una perra que corre frenética detrás de las hojas amarillas que algún aire de otoño mueve por el piso. El espacio es impactante: cinco mil metros cubiertos y tres patios en una ex fábrica que debió ser sometida a una limpieza industrial que eliminara los rastros de sustancias tóxicas.
De una de las muchas puertas que se ven desde el patio, sale un joven francés que saluda en español y de otra puerta sale Vanesa Quiroz, que invita a un tour guiado por el inmenso e intrincado Chela.
El enorme espacio, sostiene Vanesa, hace parecer que en Chela no sucede nada. Sin embargo el lugar funciona como sede de trabajo de varios artistas que se acercan al Centro con una propuesta de clases –siempre experimentales- o exposiciones.
“Somos donde estamos en el mundo"
Lo que se propone Chela es convertirse en un servicio de cultura libre, capaz de generar herramientas que le sirvan a las organizaciones sociales del barrio para crear sus sitios web, para acercar sus prácticas a las nuevas tecnologías y para que puedan conocer cómo se dan los procesos de incorporación de tecnología en la sociedad. Y a partir de todo ello elegir por ejemplo, si quieren usar software libre o no.
Chela viene haciendo un recorrido desde 2003 en el cual pasó de ser un centro de ‘arte y tecnología’ a lo que es hoy. "Inicialmente, por el lugar de donde veníamos profesionalmente, nos veíamos más insertados en el mundo del arte y veníamos a promover el uso de tecnología en el mundo del arte tradicional. Pero Parque Patricios nos ha empujado a reconsiderar que somos donde estamos en el mundo", reconoce Fabián Wagmister argentino residente en los Estados Unidos e inspirador del proyecto.
Vanesa completa: "Aquí es que reaprendimos nuestros propios intereses y nos dimos cuenta de que nos satisface mucho más trabajar con los grupos comunitarios que con un grupo de artistas. No dejamos lo artísitico de lado pero nos sentimos como un espacio de servicio a la comunidad".
En ese sentido Chela creó las páginas web de los dos espacios más importantes del barrio: El Ateneo de Estudios Históricos y el Foro de la Memoria. Ese trabajo consistió en diseñar y entregar las herramientas para que estas organizaciones pudiesen volcar el trabajo de décadas en sitios web. "Lo que hemos creado es un gran archivo de todo lo que han hecho, y eso les dio a ellos una nueva energía, un impulso que además sirve para que los más jóvenes se acerquen", asegura Wagmister.
Otra de las inciativas se llamó ‘Educación con Sol’, un proyecto en conjunto con Solar (Asociación Civil Software Libre en Argentina) y Casa Vela (Organización que protege a los niños con HIV), a través del cual se organizaron talleres informáticos basados en software libre para los chicos que forman parte de esta última institución.
Con Solar e Hypatia, se realiza además “Liberaxión”, charlas que hacen en el patio de Chela para difundir y promover el uso de software libre. Las charlas son gratuitas y abiertas para toda la comunidad, a partir de las cuales cada grupo u organización que se acerca puede comenzar a manejar sus propias herramientas de comunicación.
Sin embargo, reconocen que aun les cuesta que el barrio los acepte. Es que no tienen –obviamente- el lenguaje ni la estética de los tradicionales centros culturales barriales. En el quiosco les preguntan si son de la CIA mientras que otros vecinos les endilgan estar bancados por Mario Pergolini.
"Nada de eso", retruca Vanesa. Lo que se proponen es que el Centro se abra para que los grupos del barrio lo ocupen y en eso están. "Buscamos todo el tiempo: ahora estamos por acercarnos a las murgas y el teatro comunitario que ensaya en los parques para que sepan que tienen este lugar abierto para ensayar", cuenta Fabián.
Romper la pantalla
Fabián Wagmister es un argentino de unos cuarenta años. Usa una campera roja con tiras blancas en los brazos. Camina desganado, se sienta en el piso, le habla a Pepa, la perra que sigue frenética persiguiendo hojas. Fabián fundó el Chela en uno de sus regresos a la Argentina, en 2001, en medio de la crisis económica que, vía devaluación, le permitió comprar un espacio cinco veces más grande que el que tenía en mente.
Wagmister es residente de los Estados Unidos en donde ejerce como profesor vitalicio de la Universidad de California Los Angeles (UCLA). En ese ámbito viene desarrollando varias experiencias con los llamados nuevos medios, que brindan algunas claves de la experiencia en Chela: "Yo estudié cine pero con una mirada muy crítica. Aunque me fascinaba me daba la sensación de que había algo deshonesto en los métodos de producción y distribución", explica.
A fines de la década de los 80, en una escuela de cine norteamericana, Wagmister fue descubriendo lo digital como herramienta para editar y para hacer sonido. Esa búsqueda lo llevó a fundar el Laboratory for New Media (laboratorio de nuevos medios) en donde exploraba todas las posibilidades de lo interactivo.
"La pantalla y los botoncitos eran estructuras un poquito más interactivas de comunicación. Pero cuanto más lo intentábamos más nos frustraba. Terminaba siendo deshonesto esto de generar obra para un tipo sentado en su cuarto apretando botoncitos o apretando cositas. Nos parecía muy fingido todo el proceso comunicativo", confiesa Wagmister.
En 1997 ya se empezó a alejar de la pantalla, el teclado y el mouse para empezar a estudiar lo que llama los ‘entornos comunicativos’. Esto tiene que ver, puntualiza, con pensar en el cuerpo y en el espacio como las formas fundamentales de comunicación. "También por el interés que teníamos en que la gente se acerque a otras personas para hacer cosas juntas. Es decir, cuando los medios se salen de la pantalla y se insertan en el espacio tridimensional, eso es lo hipermediático. Romper con la pantalla", completa Wagmister.
Las manos de IBM
En ese trabajo fueron desarrollando sensores que detectan el movimiento del cuerpo, el tacto, el color, el movimiento. Toda la investigación desembocó en un nuevo laboratorio esta vez llamado Hipermedia Studio que hoy en día ya cambió de nombre y se llama Remup. "Este último es un centro en el cual estudiantes de ingeniería electrónica y estudiantes de cine, teatro y televisión trabajan juntos pensando las nuevas maneras en que uno se puede comunicar a partir de las tecnologías que van surgiendo", cuenta el profesor. Esta mezcla de disciplinas es, sin duda, una combinación impensada. Es que los ingenieros electrónicos ya no quieren seguir trabajando para el complejo militarista estadounidense que según Wagmister financia las carreras de ingeniería con el único interés de que se desarrollen bombas electrónicas.
En este laboratorio los futuros ingenieros tienen la chance de acercarse a conceptos culturales, que a ningún militar se le ocurriría proponer: "Ahora estamos trabajando con el espacio público. La computadora sin duda se está saliendo del escritorio, se está saliendo del negocio, de los espacios privados y más y más se está metiendo en el espacio público", se entusiasma Wagmister.
En esa línea tal vez se inscriba el espacio en Chela conocido como Tapete, siglas para ‘Taller Performático Tecnológico’, pensado para explorar las relaciones entre lo performático –lo que se hace con el cuerpo como la danza, el teatro y las artes escénicas en general- y lo tecnológico.
"Una de las inquietudes que se desarrollan en Tapete es cómo relacionarse con la computadora más allá del teclado, más allá del mouse, que son las interfaces incorporadas que nosotros conocemos. Aparecen sensores, el cuerpo, pintar una pared y que eso haga que pase algo en la computadora. Trabajar con el sonido, el viento, para que controlen instalaciones… Empezás a pensar la computadora como un sistema de tentáculos que van generando una serie de relaciones y todo es modular, todo es orgánico y siempre es un work in progress", dice Vanesa entusiasmada, refiriéndose a un trabajo y proceso en transformación, que se va haciendo en el camino.
Agrega: "Estas posibilidades de nuevas tecnologías te cambian la cabeza porque empezás a pensar en términos de proceso y no en términos de producto". Por ahora Tapete todavía no está en funcionamiento pero el proyecto es que se transforme en un espacio de investigación para los artistas.
Fabián aclara: "Nosotros lo que decimos es que hay una serie de consideraciones sociales culturales y cívicas constitucionales que deben ser consideradas. No puede quedar toda esta cuestión del conocimiento, la tecnología y la comunicación en manos de IBM, tiene que ser parte de un proceso cívico más complejo. Que las nuevas tecnologías acompañen los cambios de la sociedad y las necesidades de la gente".
Comunidad y tecnología
Por eso Chela se define así como "Comunidad, cultura y tecnología". Hacia adentro se organiza con lo que ellos llaman constelaciones. El antropólogo, sociólogo, artista, llega a trabajar a Chela y monta su proyecto que puede ser un taller, una investigación, un laboratorio. Y mientras que Chela le brinda el espacio, la idea es que el artista comparta su investigación para que se pueda pensar en conjunto. "Además, el que venga a trabajar acá tiene que tener claro que nosotros trabajamos para el barrio, que lo que aportan va para Chela y para la comunidad". A través de la Fundación Antorchas, Chela otorga becas de residencia para que artistas de todo el mundo que tengan proyectos para, con, o en Latinoamérica "puedan explorar las nuevas tecnologías en un marco de diálogo y colaboración constante". Estos visitantes tienen un lugar donde vivir en el propio Chela que cuenta con un campus con tres departamentos. Todo lo que está en proceso de formación, cuenta con el apoyo del Program on Digital Cultures de la University of California, Los Angeles (Latin American Center). Se trata de la creación de laboratorios de investigación, talleres tecnológicos, salas de instalación y performance, estudios mediáticos, biblioteca y lo que ya está en funcionamiento: auditorio, aulas y oficinas.
En línea con el acercamiento a movimientos sociales, por ejemplo, Chela ha sido sede de reuniones de la Universidad Trashumante, y colaboró con Ammar Capital para la presentación de la muestra Ninguna Mujer Nace Para Puta, efectuada en el Hotel Bauen, encargándose del sonido y la proyección de imágenes, cosa que también ocurre con El Hogar en Patas, un comedor comunitario de Pompeya que cumple años y se acercó a Chela para pedir el equipo de proyección.
"Tratamos de acercarnos primero al proyecto, establecer contacto, conocer, tener afinidad con eso que vamos a acompañar ya sea con un recurso humano, con un equipo de sonido o con otra cosa", aclara Vanesa que asegura que Chela no quiere convertirse en una especie de "prestador de equipos" sin que eso signifique un proceso de trabajo en conjunto que deje experiencias y conceptos para las dos partes.
Blogs y periodismo
Fabián Wagmister ha tranquilizado a Pepa. Como experto en nuevos medios la charla deriva a su opinión sobre el fenómeno de los blogs y las nacientes formas de comunicación en relación con las nuevas tecnologías: "Con la invasión de Estados Unidos a Irak parecía que estábamos ante el nacimiento de un nuevo periodismo. Pero no fue así. Hoy requiere un desgaste tremendo de tiempo poder encontrar algo bueno para leer", afirma. "En los blogs puede haber un pibe que me encanta cómo escribe, pero nunca puedo permitir que se convierta en parte de mi. Porque mañana el pibe se cansa y yo ¿qué hago?", se pregunta.
Wagmister reivindica en cambio a los pequeños círculos de comunicación: "El potencial más claro está en un grupo de gente que tiene un interés común y que encuentra un mecanismo de trabajo y comunicación conjunto", afirma y piensa en experiencias como las que él mismo desarrolla en la UCLA.
"Estamos viviendo un momento en el que la imprenta de Gutemberg se va disolviendo. Si bien liberó al libro de los conventos y los monasterios y los convirtió en algo más popular, no dejó de transformar el lenguaje en un producto vendible y empaquetable. Esto que pasa hoy disuelve Gutemberg. Pero la pregunta es ¿qué va a salir ahora? Y la respuesta es: no lo sé".